Disidencia oficialista.

Por Moisés Leonardo Rodríguez. Cabañas. Enero de 2017.

 

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La periodista Yeilén Delgado Calvo titula su trabajo Me declaro disidente, aparecido en el periódico oficialista Juventud Rebelde del 20 de enero del corriente, y en él reconoce la utilización del término como “ofensivo” a aquellos a quienes se les aplica.

Comienza describiendo que un amigo le relató que al expresar sus in conformidades delante de los “responsables, de quienes podían remediar la situación” lo miraron como si fuera un disidente, ante lo que ella le aclara que “La cuestión no está en ser disidente, sino en de qué se es disidente”.

Continúa afirmando que su amigo es “disidente de muchas cosas: lo mal hecho, la chapucería, el conformismo, la gente que lleva a la Patria en el habla, pero no en el corazón…” y se queja de que “Nos hemos dejado arrebatar la palabra por quienes entienden muy poco de principios y de patriotismo”.

Claro que disidente, como afirma Yeilén, es el que diside, el que se separa “de la común doctrina, creencia o conducta” que es exactamente lo que hacemos los disidentes que ella cataloga, siendo fiel al discurso oficial, que entendemos “muy poco de principios y de patriotismo”.

No conozco ningún disidente no oficialista que se manifieste en contra de los denominados logros del socialismo o la revolución, ninguno pide se eliminen la universalidad de estos servicios. Todos critican precisamente “lo mal hecho, la chapucería, el conformismo, la gente que lleva a la Patria en el habla, pero no en el corazón” al igual que hizo su amigo y confiesa ella hacer.

Se reconoce disidente dentro de la revolución de los Castro al decir que se declara “disidente, así como socialista, revolucionaria, guevarista, fidelista, progresista, izquierdista” con lo que deja claro que no es martiana, como se hace evidente al tratar también de dividir a los disidentes en oficialistas y no oficialistas, elogiando a unos y denostando a otros.

Quejarse de lo mal hecho es insuficiente si no se actúa de una u otra forma contra ello, quejarse no es disidir como ella misma precisa, disidir es “separarse de la común doctrina, creencia o conducta”. Bien dijo Martí que “Hacer es la mejor manera de decir”.

Los disidentes no oficialistas, los que seguramente ella cataloga como contrarrevolucionarios, mercenarios, apátridas y otros des calificativos, disidimos de lo señalado por ella: del in movilismo, de la demagogia, de los complacientes, así como de los hipercríticos, de los que esconden información, de los discurso huecos, de la falta de esfuerzo, del escaso compromiso, de la inercia… que son rasgos y prácticas de los que detentan el poder por más de medio siglo en la isla y sus funcionarios y seguidores.

images-1Cae Yeilén en la trampa oficialista de hacer creer a tontos y desleales que los cambios que necesitan los cubanos: democracia entendida como real participación de los ciudadanos en la cosa pública, el respeto a los derechos y libertades fundamentales por parte del Estado, la separación de poderes y la independencia de la judicatura, entre otros, deben hacerse, no porque los presenten como demandas terceros desde el exterior, sino por ser necesarios para sacar a Cuba de la crisis en que la tienen sumida sus gobernantes desde hace ya más de un cuarto de siglo.

Es esta trampa la empleada para hacer ver a los reales disidentes, a los no oficialistas, como agentes del imperialismo, del enemigo (ya no se sabe cuál desde las negociaciones entre los gobiernos de EU y los Castro) como “enemigos del pueblo, de sus conquistas ???) y así poder mantenerse libando la miel del poder mientras, ellos y sus seguidores, practican el in movilismo, la demagogia, la complacencia, esconden información, hacen discursos huecos y se mantienen en la misma inercia al mantener en círculos viciosos de temor y miseria a los habitantes de la isla.

No se es disidente mientras se vive en contubernio con los causantes de los males nacionales, con los que imponen políticas públicas inviables, violan los derechos y libertades fundamentales de los cubanos, con los que reprimen en lugar de solucionar, con los que por conveniencias mezquinas de grupo no acaban de hacer los cambios que Cuba y los cubanos necesitan y que los cubanos comentan a diario por todos los rincones de la isla.

En partes por las que probablemente no anda nuestra periodista oficialista o que, al andar por ellos, hace oídos sordos del clamor popular de cambios en bodegas, camiones y ómnibus en que se trasladan, en hospitales y todos los rincones imaginables. Responde así a su pregunta de “?Cómo ser periodista sin ser subversiva (sinónimos: revoltosa, revolucionaria, rebelde, agitadora, insurrecta, turbulenta, insubordinada?”. No es nada de ello.

Es cierto lo dicho en la frase que tomó prestada: “La irreverencia es la célula de los posible” pero la irreverencia de los disidentes no oficialistas, no de su amigo que sintió temor al ser clasificado como tal, sino de los vilipendiados, los marginados socialmente, vigilados y reprimidos que ella cataloga como vende patrias, mercenarios, que disiden de su país, de su gente, de su esencia.

Ser o no ser, he ahí la cuestión planteada entre los disidentes que ella concibe y los reales. Entre los que quieren remendar un status quo que en la práctica ha demostrado su inviabilidad y los que quieren transformarla con criterios de beneficio para los humildes y no solo de grupos favorecidos como ahora ocurre, esos que pueden vender y comprar casas y autos, los que viajan al exterior, los que reciben grandes remesas, los que manejan negocios lucrativos.

Unos apuestan por remendar la realidad de la que huyen miles de compatriotas y millones esperan su turno para huir, de los millones que no tienen una participación verdadera sino en todo caso hipócrita para obtener prebendas o encubrir beneficios inmorales como la “desviación de recursos ” que es el nombre bonito que se ha dado en dar al robo y otras anormalidades sociales y los otros que apuestan por eliminar de su tierra todas las cosas que generan los males presentes, estos son los reales disidentes.

Es verdad lo dicho por ella acerca de que “se hace evidente que quizá no haya pueblo más disidente que el cubano” sobre todo cuando se escucha el clamor popular, cuando se vive a diario entre la gente de a pie, cuando se vive entre aquellos por los que supuestamente se debió hacer la revolución, aquella que debía ser “de los humildes, por lo humildes y para los humildes” hoy ignorados.

corrientemartiana2004@gmail.com                         moises47@nauta.cu                                      @cubamartiana

http://www.corrientemartianacuba.org

 

 

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