¿Y ahora qué?

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Por Moisés Leonardo Rodríguez. Cabañas. Noviembre de 2016.

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Si el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cumple las promesas de campaña a sus electores cubanos, el gobierno totalitario de la isla contará nuevamente y a plenitud con el pretexto del enemigo radicalizado para sobrevivir con su ineficiencia y despreocupación por los problemas de la gente de a pie.

La ola represiva que desarrolla contra todos los cubanos, en particular con los que disenten, se incrementará bajo el pretexto de la ofensiva enemiga. Los reclamos de democracia y respeto a los derechos humanos de la nueva administración a cambio de relajar las políticas de presión sobre los Castro y su pandilla, serán interpretados como injerencia en los asuntos internos, como un “recrudecimiento del embargo”.

Los medios cubanos, todos en manos del estado totalitario, abrumaran a sus pobre audiencia con letanías de que somos víctimas de la política imperial que pretende arrebatarnos los ya perdidos “logros de la revolución” o “el socialismo” que son una y la misma falacia.

El número de los cubanos que huirán, o al menos lo intentarán por todas las vías imaginables e inimaginables, se disparará de inmediato, menos mujeres se decidirán a procrear en condiciones de susbsistencia, se incrementarán las actividades de la bolsa negra y el desvío de recursos (robo) como formas de aliviar penurias.

La soberbia de los que detentan el poder será enfrentada por cada exigencia proveniente del norte, permitiendo así catalogar como juego al enemigo toda demanda popular de cambios para aliviar la crisis nacional.

La ecuación está mal planteada, claro está. Los cambios necesarios deben ser hechos para satisfacer necesidades de los nacionales y no por demandas de terceros, pero la falta de voluntad política para hacer dichos cambios reales contará con el pretexto renovado e incrementado.

La realidad es que solo los cubanos demandando sus derechos pueden hacer cambiar el estado de cosas en la isla, pero ello es menos probable aún con esta nueva situación. Más allá de intenciones, el momento de inicio de las transformaciones esenciales parece que sufrirá una detención, o mejor, un retroceso con la nueva coyuntura.

Los que en la isla luchamos por la democratización y los derechos humanos tendremos que aguzar la inteligencia y buscar nuevas formas de hacernos sentir entre la población, de ganar adeptos y continuar con nuestra labor en estas nuevas condiciones.

No bastará con el prometido incremento de la ayuda material desde el exterior, como nunca antes se debe cumplir aquello dicho por Martí “Cuba manda, el exilio obedece” y en Cuba debemos centrarnos en objetivos que satisfagan necesidades y anhelos de los cubanos de a pie. Otros caminos parece que no podrán tener éxito.

Ver para creer……!

 

corrientemartiana2004@gmail.com       moises47@nauta.cu

 

@cubamartiana                        www.corrientemartianacuba.org

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