Murió mi perrita Tomasina.

Por Moisés Leonardo Rodríguez.

Cabañas, Cuba, 28 de agosto de 2016.-Se apareció un día, hace ya años, en el portal de la casa de mi familia en Cabañas. Le di de comer y agua para beber pero nunca se acercaba de inmediato. Hasta que no me retiraba a una distancia de tres o cuatro metros se mantenía a distancia de los recipientes echando saliva en una respuesta incondicionada al ver el menú en medio de la lucha interna por satisfacer sus necesidades y el temor a los humanos.

Pasaron tres meses sin permitirme acariciarla a pesar de que se acercaba meneando su cola cada vez que me veía. Nunca la dejamos entrar a la casa pero dormía en el portal y ladraba a todo el que entraba en él en horas de la noche.

Coincidimos todos los vecinos en que esa conducta se asociaba a maltratos de sus anteriores dueños o por parte de gente en la zona en que deambulaba antes de refugiarse en mi portal.

La primera vez que le pude tocar la cabeza estaba en celo. Tuvo una descendencia grande y reunió hasta más de una veintena de machos tras ella en sus llamados naturales a la reproducción de la especie.

Se ganó la simpatía de vecinos y otros que pasaban a menudo por el barrio. El climax de la popularidad fue cuando, cada mañana, esperaba al cartero Andro y lo acompañaba en su recorrido repartiendo periódicos y cartas. Asegura el cartero que nunca entró a ninguna de las casas de sus clientes aún cuando él lo hacía.

Los <<perros carteros>> eran tres, causalmente todos de color negro. En un período en que estaba descompuesta lo acompañaban los habituales y todo una manada de canes tras Tomasina. Lamento no haber tirado fotos o un video del acontecimiento. De seguro hubiera sido un hit en YouTube.

Llegó al punto de ir cada madrugada a las cinco de la mañana al correo local o a la casa del cartero, frente a dicho correo, para esperarlo y hacer el recorrido junto a sus dos acompañantes. Andro le daba de comer pero, nunca satisfecha, entraba al patio de Mabel, otra vecina amante de los perros, que le daba de comer también en las tardes.

Nunca satisfecha, la muy glotona se sentaba después en la calle, frente al portal de Mercedes, otra vecina de al lado de mi casa, en espera de algo más para reforzar su dieta hasta que yo le daba lo que podía en horas de la noche.

Unos dos meses atrás llegó al portal con sus patas de atrás inutilizadas, caminando o medio arrastrándose sobre sus patas delanteras. Estuvo arrinconada en varios lugares por un tiempo. Llegó a estar perdida por quince días sin tomar alimentos ni agua.

Desde el día en que reapareció extremadamente flaca, cos sus costillas visibles y consumiéndose la parte trasera de su cuerpo, reanudó su alimentación. Parecía que todo iba bien, que se había recuperado aunque se mantenía inválida. Me aconsejaron sacrificarla pero no lo hice.

La alimenté por casi dos meses. Iba bien, pero hace unas dos semanas empezó a perder el control, al parecer por una afectación de su sistema nervioso central; perdía el equilibrio, tenía que poner los alimentos al alcance de su boca estando sobre sus patas delanteras porque, si no, perdía el equilibrio y caía.

Desde unos día atrás empeoraba por día hasta que anoche no pudo comer los esqueletos y cabezas de pescado que le ofrecí y que eran su plato preferido por la voracidad con que los comía las pocas veces que se puede el cubano de a pie darse ese lujo a pesar de vivir en una isla.

Hace un rato la enterré después de encontrarla muerta esta mañana.

Me siento mal por la pérdida de quién siempre me demostró fidelidad aunque no tuviera conciencia de ella, a diferencia de los humanos quienes piensan pero no son fieles en muchas ocasiones.

Su pérdida me ha hecho pensar de nuevo en la falta de respuesta que tuvo el artículo Cero Callejeros que publiqué hace años en CubaNet. La ejecución de este proyecto puede evitar el exceso de animales afectivos en Cuba desamparados, los callejeros.

Sé que hay iniciativas de este tipo por las que esterilizan a gatos y perros para evitar su superpoblación pero quedan muchos lugares donde los amantes de la naturaleza están dispuestos pero no cuentan con el imprescindible apoyo logístico para ello. Cabañas es uno de esos lugares.

Soy de los que no espero nada del estado cubano, sino que creo en las iniciativas locales que en su conjunto tienen más poder que el poder real para solucionar problemas materiales y afectivos de la población o parte de ella.

Reitero el llamado animado por el dolor que me da la pérdida de mi mascota callejera, nunca supe cuál de las dos era Tomasina, pero despertó mi afectividad en un alto grado hasta el de hacer este llamado invocando su historia para que no haya más animales afectivos abusados y abandonados.

corrientemartiana2004@gmail.com       moises47@nauta.cu       @cubamartiana

www.corrientemartianacuba.org

 

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