Representante de Unicef en Cuba mantiene visión parcial sobre problemas de la niñez

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Por Moisés Leonardo Rodríguez

Artemisa, Cuba, 21 Noviembre de 2015. La representante de la Unicef en Cuba, Arina Anna Lucía D’Emilio, expresó en entrevista al periódico Juventud Rebelde, publicada el 19 de noviembre, solo opiniones favorables sobre la niñez y la adolescencia en Cuba, ignorando los problemas que sufre gran parte de este sector de la población.

La primera impresión que dice tener de nuestros niños es la de verlos “jugando en cualquier esquina de la isla, alegres y cuidados por todos”. Los que ya peinamos canas sabemos que esa imagen no es algo novedoso en el país, casi todos los cubanos viejos evocamos esa etapa de la vida precisamente así.

Es cierto que la universalización de la enseñanza y el acceso a salud ha beneficiado a millones de niños nacidos después de 1959. Lo que no menciona la representante es que millones de ellos han tenido insatisfechos derechos elementales desde su nacimiento como los de la alimentación y a una vivienda adecuada.

Millones de niños no incluyen en su alimentación elementos básicos como frutas y verduras que escasean y tienen precios prohibitivos los pocos que se ofertan para la gente de a pie debido a las fracasadas políticas públicas para la agricultura y la alimentación en un país con tierra y clima propicios para que estos abundaran, como ocurría hasta entrados los años de la década de los sesenta del pasado siglo.

Miles de niños cubanos ¿millones? viven en condiciones de hacinamiento, promiscuidad y sufren la violencia en el seno de familias disfuncionales por parientes que ganan salarios insuficientes, son alcohólicos o presentan trastornos psicosociales de conducta.

No menciona que muchas mujeres en edad reproductiva han decidido no tener hijos por las carencias persistentes, sobre todo en el último cuarto de siglo, lo que es reconocido por la oficialidad y se traduce en el decrecimiento de los índices de natalidad y el creciente e indetenible envejecimiento poblacional.

Alega Lucía que “en ciertos países son muchas las vidas salvadas, se ha reducido la mortalidad infantil, pero después lees sobre el número de homicidios de adolescentes y te planteas: se están salvando vidas, sin embargo, las matan en la calle”.

¿Conoce la señora Arina Anna Lucía D’Emilio, o cualquier otro mortal, las cifras de homicidios, suicidios, fallecimientos bajo custodia, ahogados en el mar en intentos de salidas del país, desaparecidos y muertes por malas prácticas médicas y por accidentes con armas de fuego en el cumplimiento del servicio militar obligatorio o la carencia de recursos como ambulancias para trasladar urgencias que involucran a adolescentes y jóvenes cubanos?

Desconoce o no menciona, que el alto índice de indisciplinas sociales involucra a niños, adolescentes y jóvenes en gran medida, que muchos de ellos tienen como proyecto de vida ir a vivir en terceros países y que el sistema educativo cubano está diseñado para adoctrinar individuos sin capacidad crítica que se subordinen al ordeno y mando que impone el sistema por más de 56 años.

No menciona que los jóvenes son formados por padres, profesores y otros actores que ejercen influencias educativas en la doble moral de mostrar simpatía con lo que no la sienten y aprobar lo que rechazan para obtener beneficios o por el temor a la represión dirigida a todos los desobedientes y toda desobediencia.

Esta complicidad por dependencia también es una forma de “analfabetismo emocional” del que habla el “filósofo y docente universitario Umberto Gallimberti” que cita Arina Anna y el cual define como “la dificultad de expresar sus problemas, sus sentimientos; incapacidad de identificarlos y de poder nombrarlos.”

No por mencionarla como último es lo menos importante; la imposibilidad de millones de padres de comprar juguetes a sus hijos. Abarrotadas están las tiendas estatales, quizás los almacenes lo estén más, pero los elevados precios impiden su adquisición de los que, según especialistas, son imprescindibles en el desarrollo emocional y equilibrado de niños y adolescentes.

Refiere la entrevistada solo éxitos pero ni una palabra de los fracasos, que superan en mucho a los “logros” citados y que son los que condicionan y determinan la emigración creciente, de niños y jóvenes incluidos, en un país que hasta 1959 era caracterizado por la inmigración.

Es mejor guardar silencio que hacer declaraciones que solo muestran la parte llena del vaso pues eso es negar principios básicos para todo defensor de derechos humanos; la universalidad e indivisibilidad de los mismos, que deben respetar todos los funcionarios del sistema de Naciones Unidas.

corrientemartiana2004@gmail.com

moises47@nauta.cu

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